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Una oración

Foto del escritor: Esteban Jerez
Esteban Jerez
1 ago 2021
2 min de lectura

Ella me dijo, Señor, que le parecía injusto que tú, un Dios bueno, enviara a los malvados al

infierno por toda la eternidad. Que le parecía un castigo exagerado, y me dijo, pensando

con rapidez, que ningún crimen merecía una condena que durara más de lo que dura esta vida. Y acudió, como hacen muchos ateos, a la paradoja de Epicuro: ¿Por qué un Dios omnipotente y bueno permite la maldad? Si no puede detenerla entonces no es

omnipotente, y si no quiere detenerla, entonces no es bueno. Me dijo, también, que si

carecía de alguno de estos dos atributos entonces no era Dios.


Ella hace bien al preguntarse esto, pero cae en el error de asumir que tú, un Dios

que es omnipotente y bueno, debe usar sus atributos para satisfacer las necesidades de

una humanidad que se denigra todos los días, que corrompe los lugares que habita, que

asesina a sus hermanas, que tortura a los animales que tú creaste y que, sin lugar a dudas, destruye y devora sin ninguna contrición. La pregunta que ella debería hacer es: ¿Por qué tú —un Dios omnipotente y bueno— no destruye a esta humanidad?


Cada bocanada de aire que respiramos la robamos de ti y la expiramos

transformada, y yo sé, porque tú me lo enseñaste, que cuando uno toma algo y no lo

devuelve está robando. Gracias te doy porque tú, en tu misericordia, usas los desechos de nuestro aliento para que las plantas respiren. Ellas, a diferencia de nosotros, no roban,

sino que multiplican, porque expiran oxigeno y vapor de agua.


¿Por qué tendrías tú que usar tus atributos para beneficiar a los ladrones? Es cierto

que eres omnipotente y bueno, pero no es cierto que estés obligado a beneficiarnos con

tus atributos: eres soberano.


Lo que más me sorprende es que el Sol sigue saliendo y la lluvia sigue cayendo, que

los niños siguen aprendiendo a gatear y que los viejos todavía pueden sonreír, que todavía podemos enamorarnos y que las selvas y montañas siguen dándonos aire para respirar.


Esto no lo entiendo, Señor, y es lo que quiero que ella se pregunte: ¿Por qué nos amas?

 
 
 

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