Yo no olvido el año viejo
Actualizado: 23 ene
Este año aprendí a escuchar, Daniela me enseñó, o mejor, me enseña todos los días y espero que me siga enseñando por otros tantos más. Carolina, Esteban, Cecilia y otros más me están enseñando a leer. Lo hacen casi todas las mañanas y noches. Ese fue su regalo para mí, aunque ellos todavía no lo saben.
De Pablo aprendí la humildad en medio de la genialidad. No puedo calcular cuántas veces leí este año los versos: “Como todas las cosas están llenas de mi alma, emerges de las cosas llena del alma mía”. A Luis no le entendí mucho sus historias, pero sus frases me bastaron para entender que la historia no son más que espejos que usamos para mirar hacia atrás.
Conocí Guatapé y La Piedra del Peñol. Me llamó la atención el ave fénix que se alza en la entrada del pueblo, y entendí que hace referencia a cómo El Peñol ha renacido después de los desastres causados por los gobiernos cuando estaban tratando de hacer ese bellísimo embalse artificial.
Dalia me regaló mi primera planta, a la que todavía no le he puesto nombre, supongo que no la nombraré. Volví a ver mariposas diariamente, como no me sucedía desde que tenía diez años. Ya me había acostumbrado a dormir en el pasto, pero este año, por primera vez, me despertaba el viento furioso como no queriendo que yo durmiera, y Yuri se burlaba de mí.
A Jessica, cuya amistad fue un regalo del año pasado, le agradezco por escucharme y confiarme las vicisitudes de su vida. Así también a Natalia y a Mireya, a quienes agradezco el mismo favor y confianza. A Mireya sobre todo le agradezco acompañarme durante largos periodos de tiempo aparentemente superfluos, pero al final edificantes y hasta divertidos.
Este año quise volver a escribir, y le agradezco a Jerson y a Johan que me dejaron publicar algunos ensayos y columnas. También agradezco a Jorge el haberme narrado el llanto de los Guaduales en forma de guabina, y a Valentina, no Rubio sino Enciso, por agarrarse la falda. Ahora si, a Valentina Rubio le agradezco el no olvidarme.
Le agradezco también a los trabajadores de la editorial Poiema por traducir libros que hace tanto tiempo quería leer. Gracias a Ana María y a su esposo por administrar tan bien la mejor y más hermosa librería de Teusaquillo. Le agradezco a Ingrid por permitirme, en la inconsciencia, usar su nombre para escribir mientras escuchaba susurrar.
Quiero agradecer también a Paola el desenseñarme y enseñarme todos los días, y así siempre, como un misterio, hasta el día de hoy; a Jenny, no Cruz sino Castro, el leerme y comentarme. Ahora si, a Jenny Cruz le agradezco su apoyo integral.
Les agradezco también a mis amigos, que ya estaban, por quedarse, a mis hermanos Oscar y Miguel, a So por soportarme y a mi abuelita por enseñarme más de lo que el deber le mandaba. No lograría mencionar a todos aquellos que con sus vida dieron a la mía alegrías y aprendizajes, así que espero que cada uno, aunque sus nombres no mencioné, me encuentre en sus propios recuerdos.
Los vericuetos de este año fueron tan inentendibles para mi, que no me queda más sino agradecer por aquello que sí entendí, gracias a todos por leer.
Un feliz año nuevo para todos.




Comentarios